EL EPR, PEMEX Y EL HARTAZGO
Conrado García Jamín
Los bombazos a Pemex no se
comparan con el daño que las últimas cuatro administraciones presidenciales le han hecho a la paraestatal”. (Carlos Montemayor,
especialista en movimientos guerrilleros).
La guerrilla hace acto de presencia en nuestro país y reclama su porción de reconocimiento. El pretexto: la inmediata
presentación de dos militantes, aunque en el fondo se detecta que es la respuesta a diversas y profundas inquietudes ciudadanas.
El Ejército Popular Revolucionario (EPR) reivindicó los bombazos a diversos ductos de la paraestatal Petróleos
Mexicanos, que ocasionaron en cascada una serie de paros obligados en las empresas que dependen del suministro de los combustibles cuyo flujo se interrumpió.
Mediante un comunicado dirigido al pueblo de México, a los habitantes de Guanajuato, a los medios informativos nacionales
e internacionales y a las Organizaciones No Gubernamentales Defensoras de los Derechos Humanos, el EPR manifestó: En el norte del país la naturaleza ha sido muy benevolente con nosotros, en Cadereyta un rayo
incendió un depósito de combustible propiedad de PEMEX; aquí en Guanajuato los viejos ductos, su falta de mantenimiento, la ordeña múltiple de éstos y un “pinchazo” para
extraer gas generaron una pérdida de presión en la red lo que ocasionó varias explosiones; podría quedarse así, quedarnos callados, guardar silencio y seguir escuchando los absurdos de las
autoridades pero el pueblo merece conocer la verdad. Y esta es nuestra verdad y nuestros motivos:
- En cumplimiento de la orden del Comité Central de nuestro partido y de la Comandancia General de nuestro ejército rendimos el siguiente parte
militar:
- La orden de iniciar con la campaña nacional de hostigamiento contra los intereses de la oligarquía y de este gobierno ilegítimo ha sido puesta
en marcha.
- Tres pelotones mixtos conformados por unidades urbanas y rurales pertenecientes al destacamento “Francisco Javier Mina” y contando con el apoyo de milicias
populares de todo el estado han realizado acciones quirúrgicas de hostigamiento, poniendo 8 cargas explosivas en los ductos de PEMEX ubicados en Celaya, Salamanca, Valle de Santiago Guanajuato y en la válvula
de seccionamiento de Coroneo, activadas simultáneamente a la 1:00 horas de los días 5 y 10 de julio.
- A nuestro pueblo le informamos que las acciones de hostigamiento no pararán hasta que el gobierno de Felipe Calderón y el de Ulises Ruiz presenten con
vida a nuestros compañeros Edmundo Reyes Amaya y Raymundo Rivera Bravo o Gabriel Alberto Cruz Sánchez, detenidos-desaparecidos desde el 25 de mayo en Oaxaca.
- A nuestro Comité Central y a la Comandancia General informamos que todas las unidades que dependen de esta jefatura siguen concentradas en su puesto de combate
y están en máxima alerta dispuestas a esperar órdenes ¡Esperamos órdenes!

Independientemente de la condena que a nivel nacional hiciera el primer mandatario del país y los mas altos funcionarios,
instando a todos los sectores a rechazar todos los actos de violencia y en especial los que atenten contra los bienes de todos los mexicanos, desde luego con base a esa quimérica idea de que “el petróleo
es de todos”, es importante enfocar los análisis partiendo de otras bases menos trilladas.
El EPR ha hecho acto de presencia en otros “atentados” como el lanzar bombas caseras a bancos que en todos los casos
están vacíos pues lo llevan a cabo en horas o días inhábiles. Aunque en mayor escala, los ataques a los ductos de PEMEX no dejaron una secuela de lesionados y se trató exclusivamente de
una confrontación con mensaje político, aunque me surgen dudas de que el pretexto de la presentación de dos desaparecidos, sea la única motivación.
Esto se reafirma con la opinión de alguien que conoce a fondo esos temas. El especialista en temas guerrilleros, autor del
libro “Guerra en el Paraíso” y acucioso analista de los movimientos armados en América Latina, Carlos Montemayor, considera que las recientes acciones emprendidas por el Ejército Popular Revolucionario
(EPR) no deben sorprendernos, ya que como fuerza que es el EPR, sus medidas constituyen el ejercicio de presión que a final de cuentas es política, seguramente menos espectacular y menos efectiva que la que
ejerce la edite financiera, al hacer estallar los ductos de PEMEX porque se trata del resurgimiento de la Guerra Sucia en el gobierno mexicano.
Como ejemplo de la “guerra sucia” que se viene dando desde la administración foxista en contra de las organizaciones
populares, Montemayor menciona el caso Atenco y los excesos en la aplicación de sentencias judiciales contra sus líderes, así como la represión del Movimiento de la Asamblea Popular de los
Pueblos de Oaxaca en 2006. A esto le añadimos la represión y la ilegalidad ejercida desde el gobierno federal en casos como la protección a elites en Pasta de Conchos y el apoyo a las acciones
ilegales en el caso de la Minera San Xavier en San Luis Potosí. Y claro, vivimos en un país en donde todos presionan (presiona Provida, los sistemas bancarios y financieros, los grandes capitales, las empresas
trasnacionales, el Ejército, los gobiernos estadounidense y español, el FMI, etcétera), sería ilógico pensar que no presionaran también otras organizaciones nacionales.
NO ES TERRORISMO
Y el analista es enfático al afirmar que “no estamos frente a un movimiento terrorista. Las acciones que reivindica
el EPR son muy cuidadas en términos quirúrgicos; por tanto, sería aberrante y excesivo considerarlas acciones terroristas. Es claro que hay una intención de dañar las instalaciones de Pemex,
pero no de una manera irreflexiva. Hay un interés claro de evitar pérdida de vidas humanas. El terrorismo es un concepto utilitario de descalificación política, surgido, fundamentalmente, de los
criterios de autodefensa del Grupo de los Siete, y luego, de manera particular, a partir de la ocupación del Estado israelí de territorios palestinos. Este concepto sólo privilegia la perspectiva de los
poderes de control, de conquista, de ocupación o de invasión sobre las perspectivas de resistencia, justicia o reivindicación populares”.
"La falta de vivienda, de seguridad social, de servicios de salud, es decir, la injusticia social prevaleciente y creciente
en el país son violencia social permanente, a la cual confundimos y llamamos 'estabilidad social' o 'paz social'. Y a los movimientos de inconformidad social que se oponen a esta seudo estabilidad los llamamos violencia.
Es estar viendo el mundo al revés."
Luego de una larga reflexión, cito sus últimas frases declaradas a La Jornada y que deben servirnos a todos para
un profundo análisis: "No se toman esas variables de inestabilidad política como señales de necesidades de cambios políticos en México. Por tanto, la presencia de este comunicado
del EPR y dos bombazos a Pemex no se comparan con el daño que las últimas cuatro administraciones presidenciales le han hecho a la paraestatal”.
|